ICTUS: Rehabilitación

La rehabilitación buscará minimizar los déficits o discapacidades experimentadas por el paciente que ha sufrido un ictus isquémico o hemorrágico, con el objetivo de encaminar al paciente a su reintegración social.
El proceso de rehabilitación es un proceso activo que requiere la colaboración multidisciplinar de varios profesionales, la capacidad de aprendizaje del paciente y la colaboración de su entorno familiar.
El objetivo fundamental debe ser ayudar al paciente a intentar recuperar las secuelas funcionales y en el caso que no las recupere, ayudar al paciente a adaptarse a su nueva situación.
Está descrito, en la literatura científica, que hay lesiones neurológicas que pueden recuperarse en todo o en parte espontáneamente en un período inicial, aunque es muy difícil, nosotros pensamos que siempre es mejor actuar y empezar la rehabilitación lo más pronto posible y de forma intensa, ya que la recuperación funcional es mayor entre el primer y tercer mes, disminuyendo entre el tercer y sexto mes y siendo más difícil a partir del sexto mes. Pensamos que aun cuando hayan pasado estos periodos de tiempo indicados, siempre se pueden darse una recuperación, si se realiza un buen programa de rehabilitación y siempre hay que intentarlo.
Los programas de rehabilitación motora consisten fundamentalmente en la aplicación de determinadas técnicas de terapia física, terapia ocupacional y de ejercicios motores.
En el área del lenguaje se deberá realizar una valoración por el foniatra, programando un tratamiento logopédico adecuado para cada caso.
En el área visual, sobre todo cuando haya pérdidas sectoriales de campo, se deberá realizar un examen por un neurorehabilitador visual para determinar la adaptación de ayudas visuales como los prismas Palomar que compensen las pérdidas sectoriales de campo, volviendo a ver el paciente todo el campo visual. También es necesario valorar la realización de programas de estimulación visual de forma on-line, encaminados a mejorar la percepción espacial, a estimular la visión y con el objetivo de intentar también que se produzcan procesos de neuroplasticidad, dándose entonces recuperaciones funcionales.
Es muy importante plantearse una rehabilitación en todas las discapacidades del paciente, para darle una máxima posibilidad de recuperación y mejora de su calidad de vida.
ICTUS: Sintomas

Debemos conocer en qué consiste un ictus para poder reconocerlo a tiempo y tratarlo con la mayor urgencia posible, puesto que en los accidentes cerebrovasculares la rapidez de actuación es importantísima y su detección precoz minimizará los daños e incluso puede salvar la vida del paciente.
Hay ocasiones en las que la persona que sufre un ictus hemorrágico no se percata y los síntomas dependerán de la localización en el que se produce el accidente cerebrovascular. Los síntomas suelen ser de rápida aparición, aunque también los hay que surgen de manera intermitente durante uno o dos días.
Lo más frecuente en el ictus hemorrágico es que los síntomas aparezcan en el inicio, aunque a medida que pasan las horas, progresa el sangrado, haciéndose los síntomas más evidentes (suele ocurrir en el 35 por ciento de los casos).
Habitualmente los síntomas más frecuentes son:
- Dolor de cabeza severo y repentino, sin causa conocida, que puede empeorar al tumbarse boca arriba, al cambiar de posición o al hacer cualquier esfuerzo.
- Alteración del nivel de consciencia o lucidez.
- Alteración del habla, cambiando palabras o haciendo expresiones incongruentes.
- Problemas para caminar, mareos, pérdida de equilibrio o coordinación
- Vómitos.
- Pico alto de tensión arterial.
Pudiéndose presentar también:
- Entumecimiento u hormigueo de un lado del cuerpo, debilidad muscular en la cara, el brazo o la pierna de un lado.
- Alteración del sentido del tacto, sensación de hormigueo o falta de sensibilidad en una extremidad.
- Confusión o pérdida de memoria.
- Dificultad para leer, escribir, hablar o entender a los que le hablan.
- Trastornos de la visión, desaparición de un lado de la imagen (el paciente dice ver la mitad de las cosas), sensación de inestabilidad visual y zonas de visión alteradas.
- Pérdida de equilibrio, mala coordinación y sensación de mareo.
- Problemas en la deglución (tragar).
Ante la presencia de uno o varios de estos síntomas de alarma, se debe acudir rápidamente al servicio hospitalario de urgencias médicas más cercano a su domicilio.
Si se llega a un centro hospitalario antes de las seis primeras horas desde el inicio del cuadro del accidente cerebral, las posibles complicaciones secundarias al ictus se podrán ver reducidas. Cada minuto que pasa va en contra, dañándose más neuronas y empeorando el cuadro,
El ictus se considera una emergencia médica, dándole prioridad en urgencias de cualquier centro hospitalario. Una vez sean confirmados los síntomas le realizarán pruebas de diagnóstico por imagen (escáner, resonancia magnética cerebral, ecografía doppler, etc.) para detectarlo y así poderlo tratar a tiempo.
Las secuelas derivadas del ictus, deberán ser tratadas por un profesional especializado, en el campo visual, todas las pérdidas de campo podrán ser tratadas y rehabilitadas.
ICTUS Hemorragico

Son los ictus menos frecuentes, pero más letales. No obstante, los supervivientes de un ictus hemorrágico suelen presentar, secuelas menos graves a medio-largo plazo.
La causa del ictus hemorrágico es el debilitamiento y la rotura de un vaso sanguíneo, arterial o venoso. Al romperse este la sangre se expande dentro de la cavidad craneal, provocando en cuestión de minutos la muerte de las células del cerebro o neuronas y una alteración general del funcionamiento del órgano. La causa más frecuente de la rotura es la hipertensión arterial
Las hemorragias cerebrales las podemos dividir en hemorragias intracerebrales y hemorragias aracnoideas.
La Hemorragia intracerebral (HIC) es la más frecuente, la sangre se acumula en el parénquima cerebral y suele producirse por una rotura vascular espontánea, se pone en riesgo la vida del paciente por un aumento de la presión intracraneal.
En la hemorragia subaraconidea, la sangre pasa directamente al espacio subaracnoideo (espacio entre el cerebro y la parte interna del cráneo). En el 85% de los casos la causa es la rotura de un aneurisma.
La causa más frecuente para sufrir un ictus hemorrágico es presentar determinados defectos en los vasos sanguíneos cerebrales que aumentan el riesgo de tener una hemorragia cerebral. Los defectos más habituales son los aneurismas cerebrales y las malformaciones arteriovenosas.
El aneurisma cerebral o craneal, trata de la existencia de una zona débil en la pared de un vaso sanguíneo del cerebro, pudiendo ser congénito (desde el nacimiento) o adquirido (por una lesión).
Las malformaciones arteriovenosas son conexiones anormales entre las arterias y las venas cercanas en el cerebro. Estas suelen ser congénitas, pudiendo ser de diferentes tamaños y con diferentes localizaciones. Por un aumento de la presión o por daño en los vasos, estos se rompen produciendo una hemorragia cerebral.
El tratamiento del ictus hemorrágico suele consistir en la embolización endovascular, es decir, tratar la anormalidad de los vasos sanguíneos del cerebro.
Posteriormente, habrá que valorar los factores de riesgo con el fin de prevenir un nuevo cuadro.
El paciente deberá realizar un tratamiento de rehabilitación para volver a aprender las aptitudes que se han perdido o nuevas maneras de realizar tareas para compensar cualquier dificultad restante.
La terapia de rehabilitación suele empezar dentro de las 24-48 horas posteriores al ictus, generalmente centrada primero en el movimiento, en función de la gravedad de las secuelas, por lo que el tratamiento puede llevar desde meses hasta años.
En el área visual hoy en día contamos con tratamientos y procesos de rehabilitación para compensar y solucionar las secuelas del ictus hemorrágico, pudiendo conseguir que se den recuperaciones funcionales por procesos de neurorehabilitación.
ICTUS Isquémico

Los ictus isquémicos son los más frecuentes (hasta el 85% del total), estos consisten en una alteración en el cerebro producida por una alteración en la circulación del mismo.
La obstrucción parcial o total de una o varias arterias que llevan la sangre desde el corazón hasta el cerebro, provoca una falta de riego sanguíneo en los centros neuronales que dirigen todas las funciones del organismo. Esa obstrucción puede ser causada por un coágulo de sangre que tapona el vaso, o una porción de materia grasa que se desprende de las paredes de la arteria.
La resistencia que tiene una neurona que no recibe sangre es impredecible. Algunas de ellas sufren ya lesiones irreversibles a los cinco minutos de iniciarse la isquemia. Son cruciales las primeras 4 o 5 horas, tanto para la supervivencia del paciente como para las secuelas que le quedarán.
Un problema de los ictus es que muchas ocasiones sus síntomas no se interpretan correctamente,no dándoles la importancia que en realidad tienen, en especial en los primeros momentos para poder acudir a tiempo a un centro hospitalario.
La consecuencia final del ictus isquémico es el infarto cerebral, este produce de forma irreversible, la muerte de las células cerebrales afectadas. Esto ocurre porque el infarto impide que a la zona afectada, le llegue el oxígeno y los nutrientes que son transportados por la sangre.
El ictus isquémico puede ser global (afectación de todo el cerebro, como una hipoxia causada por una parada cardiorrespiratoria) o puede ser focal si sólo afecta a una parte del cerebro (como ocurre en el infarto cerebral).
El ictus isquémico focal puede ser transitorio si tiene una duración inferior a 24 horas, siendo la mayoría de ictus focales transitorios inferiores a una hora. Cuando una persona sufre un ictus isquémico focal transitorio debe ser evaluado con el fin de encontrar el mecanismo que lo ha provocado, ya que existe alto riesgo de que pueda sufrir un infarto cerebral.
Los pacientes que sobreviven a un ictus isquémico en la mayoría de los casos tienen secuelas que limitan la independencia funcional y afectan a la calidad de vida. Todas ellas deben ser evaluadas y tratadas para conseguir la máxima recuperación funcional.
En el área visual hoy en día contamos con tratamientos y procesos de rehabilitación para compensar y solucionar las secuelas del ictus isquémico, pudiendo conseguir que se den recuperaciones funcionales por procesos de neurorehabilitación.
ICTUS: Incidencia

El término ictus definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 1978 como un "síndrome clínico de origen vascular, caracterizado por signos de alteración focal o global de las funciones cerebrales de rápida evolución, que perduran más de 24 horas o provocan la muerte".
El ictus es un trastorno brusco que altera la función de una determinada región del cerebro. Son trastornos que tienen en común su presentación brusca, que suelen afectar a personas mayores y jóvenes.
El término Ictus, supone una de las primeras causas de mortalidad en el mundo occidental y la primera causa de incapacidad y coste económico. Además, también es la primera causa de discapacidad permanente en la edad adulta. Muchos de los pacientes que sobreviven sufren secuelas importantes que les limitan en sus actividades de la vida diaria. En España, a pesar de que las enfermedades cerebrovasculares son la segunda causa (la primera en mujeres) de mortalidad, por detrás del infarto de miocardio (Instituto Nacional estadística, 2008), y suponen un coste sanitario muy elevado, la incidencia global de ictus en España se estima que puede oscilar entre 120-350 casos por 100.000 habitantes/año, según las extrapolaciones de los estudios mencionados, multiplicándose por 10 en la población mayor de 75 años de edad
Como la morbilidad por derrame cerebral está disminuyendo, existe un mayor número de pacientes que tienen que vivir con impedimentos residuales. Entre los trastornos más comunes después de un accidente vascular, se encuentran los defectos de campo visual. Se estima que, aproximadamente, el 30% de los pacientes con daño cerebral y el 70% de estos, que corresponden a derrames de la arteria cerebral posterior, sufren defectos visuales. Una explicación de la alta frecuencia de estos trastornos visuales en las personas que han padecido un ictus, radica en que la arteria que lleva la sangre al ojo procede de la arteria carótida interna, que es la misma que lleva la sangre a gran parte del cerebro, y cuando ésta se ocluye, dañará tanto al cerebro como a la vía visual, provocando los defectos sectoriales de campo. Cuando existe una parálisis, el campo visual afectado es del mismo lado que el de la parálisis.
Los pacientes que sufren una pérdida sectorial del campo a consecuencia del ictus evidencian grandes problemas de orientación espacial, aunque la mayoría de veces presentan una buena agudeza visual tanto en visión lejana como cercana, experimentan diversas dificultades en su vida cotidiana. Es frecuente que, en los inicios de este cuadro neurológico, el propio paciente no sea consciente de ello. El 50% de las personas que sobreviven a un ictus sufre algún grado de discapacidad.
Excmo. Sr. Prof. Doctor Fernando-J.Palomar Mascaró. ARAED. PhD. MUOCV. MSc. DOO. DO. FIACLE. FAAO.
Director CENTROS PALOMAR